Los enterrados de la patria

Enviado por Pedro Verdugo el 04/09/2010 a las 19:29

4920412148_e3d288d548_m.jpgLa sobrevivencia de nuestros 33 mineros 700 metros bajo tierra está haciendo historia. La prensa mundial se mantiene atenta a los pormenores de lo que ocurre en la mina San José y el alma de nuestra gente vibra con cada nueva noticia. La mediatización exagerada, sensiblera y oportunista a que ha sido expuesta esta tragedia en nada desmiente su verdadero valor humano: tenemos una historia conocida, expuesta a la vista de todos, en tiempo real, que de algún modo pone sobre la mesa otras cientos de miles de historias similares, donde otros hombres en otras épocas (algunas recientes) sucumbieron a la ineptitud y el egoísmo de empresarios, ejecutivos, jefes y autoridades inescrupulosos. Yo no puedo dejar de pensar en los jóvenes estúpida e innecesariamente sacrificados en Antuco, o en los civiles baleados por carabineros en la micro en que se refugiaron unos asaltantes, allá por 1995, o en las víctimas de ese puente que se cayó en el Sur, hace ya años, o en Andrés Pérez, muerto en el hospital San José fruto de una instalación mal realizada, o en los muertos del maremoto, la mayoría de los cuales estaría vivo si los responsables de las emergencias hubieran tenido idea de cómo hacer su trabajo. Siempre es lo mismo: alguien le otorga poca importancia a las vidas de otras personas y toma negligente o premeditadamente decisiones que las ponen en riesgo.

Pero a estos casos, que han causado conmoción pública, se opone en contraste la enorme multitud de muertes que le cuestan a nuestro país las mismas negligencias cuando nadie está mirando. Los miles de muertos anónimos mal atendidos por un sistema de salud pública deficiente y con pocos recursos. Los indigentes congelados en plena calle en las noches más crudas del invierno. Los niños que sin morir del todo aprenden a vivir con el alma quemada por el dolor de la prostitución, la droga o el maltrato, porque sus familias y el Estado juzgan innecesario protegerlos, o lo que es igual, porque las autoridades públicas a cargo acuden en su ayuda tarde o sin eficacia. Los miles de ancianos desesperados y desprotegidos por una sociedad que los ignora y los confina en espera de una muerte miserable, más por mera indiferencia que por una decisión económica o política.  Los habitantes aterrorizados de los barrios pobres donde impera la ley del narcotráfico, cuyas bandas armadas intercambian tiros de tanto en tanto para resolver conflictos de poder, asesinando al paso a los testigos incautos que tengan la suerte de estar allí para poner sus cuerpos en la trayectoria de las balas equivocadas. En fin, lo cientos de miles de chilenos que aún viven bajo la línea de pobreza, para quienes las expectativas son tan pobres como sus vidas, porque la educación a la que tienen acceso y el ecosistema social en que están inmersos sólo tiene para ellos un único mensaje: ésta es tu vida, más te vale soportarla.

Para mí no son distintos unos de otros. Los 33 mineros estoicos que tienen que trabajar para salvarse a sí mismos con la ayuda millonaria de los equipos de rescate simbolizan esas otras historias ocultas que cada uno de nosotros se encuentra a diario, acá o allá, algunos en un familiar cercano, otros en carne propia, otros (los afortunados) de oídas, en boca de algún conocido.

Creo que es preciso aprovechar ese símbolo encarnado en seres humanos vivos. Darle fuerza, propagarlo, sacarle filo. Pero no sólo como el símbolo de la desesperación, sino también como el de la solidaridad y la compasión que nos debemos unos a otros.

Nuestra historia puede y debe cambiar a partir de esta experiencia. Si sobre el jolgorio hueco del bicentenario fuéramos capaces de construir una interpretación de la patria que no tenga que ver con el territorio, sino con su gente. Si entendiéramos que nos debemos al cuidado de los 16 ó 17 millones que viven aquí (sean o no oficialmente chilenos). Si acudiéramos con el mismo entusiasmo en rescate de los desesperados que con nuestra ayuda podrían tener una posibilidad de recobrar sus vidas, de continuarlas y de mejorarlas. Si todo eso pasara, le otorgaríamos a la nación un sentido nuevo, lleno de futuro, hinchado de ambición: la hermosa ambición de que nuestros hijos, en un futuro no muy lejano, puedan vivir felices, en la confianza de pertenecer a un tejido social donde cada vida es preciosa y sagrada. 

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normata
normata el 07/10/2010 a las 17:38

buenísimo lo que has escrito Juan Pablo, es un orgullo conocerte.

Que Dios te siga iluminando y guiando en BLIGO.Te mando las mas ricas BENDICIONES!!!


Julián Eduardo Villablanca Delgado
el 07/09/2010 a las 23:41

Pedro, he leido cada linea de lo que haz escrito y me hace reflexionar, sacar a la vista y valorar muchas cosas de mi vida. Solo tengo 20 años y gozo el privilegio de tener mis padres con vida, pero teniendo que salir adelante estudiando, dejo de ver una o dos semanas a mis padres, y confiar en la seguridad que entrega un puerto para el desempeño de mi padre. Concuerdo con el sr. manuel con respecto de todo lo ocurrido sobre los mineros como un espectaculo para los televidente permitiendo bajar el perfil a la real ineficacia de seguridad entregadas a trabajadores en distintos campo laborales, cabe señalar que una semana despues de que los mineros dieron señales de vida trate de pensar... ¿Como se comportara las noticias con los recien "desenterrados" mineros?, Te lo digo de corazon, me molestaria demaciado escuchar un reportaje de vivencia de un minero, a una semana de recuperarse o es más! a la semana de salvados! pensemos en ellos, pensemos que los periodistas pelearan los primeros relatos de sobrevivencia.. dejando a los mineros sin un momento psicologico de recuperacion... los harian recordar un mal hecho por la entretencion de algunos, dios quiera que no sea asi!.

Bueno lo más importante hasta ahora es poder sacar mi carrera como retribucion del esfuerzo hecho por mis padres, confiar en la seguridad de la empresa de mi padre y tener mas poder para realizar cambios o aportar con granitos muy importantes de arenas.

Un gusto leer tu articulo, muchos saludos y abrazos!!


Patricio Muñoz
Patricio Muñoz el 05/09/2010 a las 18:29

Mi querido amigo comparto tu reflexión y creo que sin duda este evento refleja cosas buenas como parte de una historia común de solidaridad, trabajo, sacrificio y esperanza, cosas buenas que tenemos que rescatar mas allá de la ideologia, religión o territorio que pretendamos reclamar o compartir. Como tu bien expresas y como siento interpretar desde lo personal, creo debemos tomar de esta situación valores escenciales que nos unen y que son parte de la herencia sin duda debe privilegiarse para entregar a nuestros hijos mas allá de los fetiches de una cápsula.


Manuel Lorenzo
el 04/09/2010 a las 22:22

Pedro, leo con regocijo a un amigo que ha sabido escarbar dentro de tanto ruido vacío de quienes han visto la tragedia de los 33 mineros como un espectáculo, como un tema de conversación, como una razón para condolerse las víctimas, o como un evento del que hay que enterarse.  Luz en la oscuridad.  Luz con la que me he identificado plenamente.  Luz en un mundo oscuro, siendo la indiferencia la madre de las tinieblas.  Gracias Pedro!


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