La pregunta por Bligoo me acecha en casi todas las conversaciones en que participo acerca de la Web 2.0. ¿Qué tiene de bueno Bligoo como para que la recomendemos tanto? Me lo han preguntado con más crudeza: ¿No es Bligoo del mismo grupo de emprendedores que Gulliver? ¿No defendemos nuestros propios intereses cuando deslizamos la recomendación de Bligoo como una excelente herramienta de construcción de comunidades?
¡Obvio! La respuesta es que sí: nos mueven nuestros mezquinos intereses, aunque la relación no sea tan directa. La compañía que creó Bligoo, BlueCompany es algo así como “prima en segundo grado” de la nuestra. Se repiten algunos socios (yo no soy uno de ellos), y hasta allí el vínculo.
Pero más allá de nuestro punto de vista parcial y subjetivo (por lo demás, que alguien me muestre un juicio imparcial y objetivo hecho por alguien acerca de algo), lo que se escucha en nuestro entusiasmo es el genuino y maravillado asombro de encontrar en Bligoo una solución extraordinariamente eficiente para construir identidad pública. En efecto, Bligoo obedece a una filosofía que combina bien lo mejor de algunos motores de blogs con una orientación clara hacia facilitar el surgimiento de relaciones entre las personas.
Es decir, Bligoo no funciona en la lógica de ser una herramienta para publicar un blog, donde se postea lo que se quiere decir para que lo lean quienes quieran “escuchar”. Permite hacer esto, claro, igual que cualquier sistema de blogs. Pero además hace el trabajo de conectar entre sí a quienes lo utilizan, en función de sus intereses. Bligoo te recomienda leer a otros usuarios en función de las similitudes en lo que hablan, comparando las etiquetas que utilizan. Además, te informa detalladamente de quiénes te están leyendo, con qué frecuencia, qué perfil tienen y cuáles son las conversaciones que les interesan.
Construir identidad pública es un asunto que ha de diseñarse con sumo cuidado. No importa si tienes una empresa pequeña o eres pintor, diputado, deportista, músico o médico. Buena parte de tu vida SE JUEGA en tu identidad pública. Y hoy por hoy, lo sepas o no, el fenómeno de la identidad pública ocurre en gran medida en la Web Social, donde todos pueden comentar acerca de todo lo que ven… incluyéndote.
Lo interesante es que la identidad se juega en la Web en forma distribuida*. Tienes algunas imágenes en Flickr, algunos videos en Youtube, muestras lo que haces o lo que lees en Twitter, escribes en un par de blogs colectivos, te encuentras con tus amigos en Facebook, das cuenta de tu vida laboral en LinkedIn. Pero en cada una de estas aplicaciones, tu perfil y tus interacciones componen un fragmento de tu identidad. Bligoo permite orquestar esas conversaciones en una sola. Desde el punto de vista de una persona individual, representa una buena solución para combinar estos fragmentos en un mismo mosaico. Otro tanto ocurre con las instituciones o las corporaciones, que encuentran además un buen canal de conversación con sus stakeholders, versus el viejo paradigma del “sitio corporativo”, al que ya nadie le cree nada.
Pero además, su orientación a las comunidades convierte a la conversación en el átomo del sistema. Tu identidad se construye, por lo tanto, en tu participación en comunidades Bligoo junto a otras personas, que puedes conocer o no, pero que en conjunto articulan un todo que constituye el fondo contra el cual tu silueta, por así decirlo, se destaca.
Por eso las facilidades que da Bligoo para que conozcas a otros y seas conocido son claves. No basta con tener el mejor megáfono. Hay que poder construir relaciones de confianza. Si hablas español (y ahora portugués), encontrarás en Bligoo una solución inmejorable para eso.
*Sobre la distinción de identidad distribuida, véase este excelente post de Juan Freire y los comentarios que le siguen.













