Yo digo que el Transantiago tiene que funcionar, aunque sea un proyecto difícil.
No pretendo tratar en este blog temas tan contingentes, pero no puedo dejar de repetir un comentario que escuché ayer en un almuerzo y que me dejó pensando.
Tenía yo la fortuna de estar conversando, privadamente (así que no diré quién es el autor de la frase en cuestión, so riesgo de que le pase lo que a Zamorano), con dos personas muy brillantes, cuando una de ellas dijo: "El problema es que Transantiago tiene que funcionar, o ya nunca habrá posibilidad alguna de innovación en el estado chileno".
El argumento es muy simple. El Transantiago es una experiencia innovadora, no sólo respecto del transporte en Chile, sino también respecto a otros países. No es la copia exacta de otro modelo, sino que combina lo que se creyó mejor de varias experiencias que los expertos de turno analizaron.
Pero si fracasa, si se posiciona en la mente de los ciudadanos que el asunto fue un fiasco, será imposible que en el futuro algún funcionario público medianamente inteligente quiera correr el riesgo de inventar algo nuevo. En lugar de ello, los incentivos serán siempre a mantener el status quo. Predominará la política de "es mejor diablo conocido", y así las cosas nunca llegaremos a ser un país desarrollado.
La literatura especializada en innovación menciona este hecho. Desde Clayton Christensen hasta Frans Johansson, indican que quien quiera innovar tiene que estar dispuesto a enfrentar tropiezos, y a fracasar reiteradamente ante de darle el palo al gato. Por supuesto, en un proyecto tan grande nadie quiere fracasar varias veces, de modo que lo que se sugiere es siempre tener la oportunidad de iterar incorporando mejoras y hacer gestión del cambio para que los usuarios-beneficiarios-clientes tengan posibilidad de absorber el dolor de la transformación.
Sin el menor ánimo de permisividad con quienes no han cumplido con sus promesas, sus propósitos y sus contratos, sean de donde sean, yo quiero creer que como tantas cosas que han partido mal, el Transantiago terminará por imponer con el tiempo un estándar de transporte como este país no lo ha conocido antes.
Ojalá los dioses piensen lo mismo.
Por cierto, en Plataforma Urbana hay un excelente post con una discusión interesante sobre por qué el Transantiago no funciona. Vale la pena leerlo.












