Cuando un hombre ha sido dotado, como Saramago, con el don de una prosa bellísima y el talento de urdir relatos pensados para tocarle el alma a los que se atreven a dialogar con él en ese misterioso juego que es la lectura, se puede tener el temor de que, por lo bien que su escritura dice lo que dice, quizás sea capaz de mostrarnos luces o demonios donde no los hay.
En el libro El Mito Internet, publicado el 2002 por Le Monde Diplomatique, se incluye un artículo del ganador del Premio Nobel 1998 (que se puede leer aquí), donde la tesis central es que Internet nos está deshumanizando porque está fortaleciendo el aislamiento de las personas en desmedro de la comunicación humana normal, presencial, directa.
Para muestra, una cita:
"Con obsesión, vemos concretarse el escenario de pesadilla anunciado por la ciencia ficción: cada uno encerrado en su departamento, aislado de todos y de todo, en la soledad más horrible, pero conectado a Internet y en comunicación con todo el planeta. El fin del mundo material, de la experiencia, del contacto concreto, carnal... La disolución de los cuerpos".
No voy a dejar de admirar a Saramago y su escritura por eso, pero creo que aún no le ha dado al fenómeno de Internet todas las vueltas de tuerca que se requieren para empezar a comprenderlo.
Internet, y muy especialmente el subconjunto que se ha dado en llamar la Web 2.0, son, precisamente, tecnologías que suponen la posibilidad de poner a millones de personas, como nunca antes, a trabajar juntas y a buscar propósitos comunes sin necesidad de absorber todos los intereses particulares en un único interés colectivo, grueso, que no satisface a nadie y que esclaviza a todos.
Internet es una tecnología absolutamente postmoderna, en el sentido de que facilita la conciliación de los intereses de muchos prescindiendo de relatos mesiánicos. El "long tail" puede y debe tener una expresión social y política para la cual existen ejemplos innumerables. Entre ellos quizás los más interesantes hoy por hoy sean los diarios electrónicos ciudadanos, las experiencias de presupuestos participativos y las comunidades de interés articuladas en torno a propósitos ciudadanos locales.
La cuestión de la presencialidad tendrá paliativos tecnológicos cada vez más completos, pero yo no guardo la esperanza de que sustituyan el fenómeno vivencial de estar con otras personas. Lo que los espacios colaborativos facilitan, hoy por hoy, es precisamente la coordinación de instancias comunes de interacción con otros con quienes el contacto presencial puede llegar a ser importante. Si me interesa, por decir algo, la literatura española del siglo XVII, hoy como nunca antes puedo tomar contacto con otros, en diversos lugares del mundo, que tienen los mismo intereses, y urdir con ellos las conversaciones que sean del caso.
Más interesante aún, si mi preocupación es el calentamiento global y la ineptitud de los gobiernos del mundo para hacerle frente, Internet será la ÚNICA tecnología que nos permitirá, a los millones de personas interesadas en el tema, coordinar acciones efectivas para el caso.
Desde luego, siempre hay quienes buscan acrecentar su poder valiéndose de todos los recursos disponibles, pero Internet ha democratizado tanto la información que muchos de los fenómenos totalitarios que caracterizaron el siglo XX son probablemente cada vez menos posibles. Toquemos madera.













No he leido a Saramago, pero eso no importa, hay muchos personajes de renombre en la historia de la humanidad que veran deshumanizarse al mundo, frente al avance de la tecnologia.
Talvez como aquellas tribus recolectoras que con recelo vieron la formacion de las primeras granjas con lo que el ser humano perderia la capacidad de observar, cazar y recolectar. Y la libertad encerrada en establos desaparecería. En que nos convertiríamos.
Talvez los antiguos chavines miraron con horror a los futuristas incas al conecta extensos territorios, interviniendo la naturaleza de la pachamama, y de paso generando un imperio.
Y que drirían los mismos fenicios, reyes del comercio maritimo, frente al desarrollo de la acutal aviación.
Todos ellos (y muy probablemente nosostros mismos alguna vez) vieron con horror o entuciasmo el desarrollo de la tecnología con la que percieron los que se rsistieron a cmabiar su idea del mundo y donde permanecieron los que supieron sacarle provecho.
Al fin y al cabo la libertad, la humanidad y el mundo, han nacido de la mente humana. Me pregunto entonces por qué el mundo virtual y las nuevas formas de conctarse y hacer redes de comunicación atentarían contra su creador.
Por qué no pensar que si llegara un momento en que el ser humano comenzara a nacer con tres pies, en vez de horrorizarme podría preguntarme: ¿De que me sirve esto? y junto con esto generar una cultura y/o una industria sobre esta problematica nueva.