Nació oficialmente el movimiento Chile Primero el sábado. Un buen nombre para decir que el país debe estar por sobre los intereses individuales, aunque un mal nombre de cara el mundo (no me imagino cómo explicarle a alguno de mis amigos bolivianos lo que ese nombre quiere significar).
Pero, para bien o para mal (y yo sinceramente creo que para bien), aquí estamos. Con la misión de ser 100.000 a fin de año.
Del evento, la gratificante sensación de estar en medio de un puñado (apenas setecientos) de decepcionados o de visionarios (o ambas cosas) decididos a jugarse por el futuro de nuestro país.
Y aunque las evocaciones épico-nostálgicas no faltaron, lo más importante, la verdadera emoción, la pusieron intervenciones como la de José Miguel Arcos y la de Fernando Flores. El primero, por interpretar maravillosamente bien la desazón que muchos de los presentes tenemos con la política chilena. El segundo, por abrirnos la cabeza y ponernos el mapa del mundo ante los ojos.
Una cosa importantísima es que se escucha y se transpira en la conversación la resonancia del fenómeno social de la Web 2.0, olvidado e ignorado por completo en buena parte de la agenda política chilena. Otra paradoja de nuestra clase política: ignorar precisamente el instrumento que la podría vitalizar.
Maravilla, esperanza, compromiso para terminar con la desazón. He allí el germen de un futuro posible.














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