Panamá

Enviado por Pedro Verdugo el 04/09/2008 a las 2:50

Foto gentileza de msabcmom en FlickrSoy de esa gente que encuentra a menudo su segunda patria, una y otra vez, como esos viejos verdes enamoradizos que se juran a sí mismos que ésta vez sí que la señorita de pantorillas largas que no pueden dejar de mirar está por convertirse en el amor de sus vidas. Me pasa a menudo, como una pulsión irrefrenable, eso de encantarme con una ciudad, descubrir de a poco sus recovecos, sus ondulaciones, sus pálpitos. Andar un par de cuadras tratando de imaginarme la cotidianidad, la sensación que experimentan los que amanecen allí cada mañana, los que andan los mismos pasos para ir al trabajo o para hacer las compras.

De tanto ir a Costa Rica, alguna vez creí aclimatarme a la tímida efervescencia de su capital, a sus lluvias programadas, a su humedad licenciosa. Llegar a San José ha sido por años para mí como llegar a casa, a desandar la carretera que me llevó al aeropuerto para llegar al hotel desde donde salí por última vez.

Ginebra fue en cambio mi primer encuentro con eso que llaman el desarrollo. Las callejuelas estrechas de aquel lugar sindicado por Borges como la ciudad más propicia para la felicidad definieron para mí lo que en adelante sería una nueva forma de nostalgia y de anhelo. Londres, en cambio, hubiera llegado a desagradarme de no ser porque durante mi única estadía me acompañaban dos amigos entrañables hasta la borrachera o hasta las lágrimas. Y sin embargo, he sentido una y otra vez ganas de volver, porque presiento que en el día a día su tráfago debe tener el sabor dulzón de toda vieja capital imperial, con los monumentos y palacios intactos de una grandeza venida a menos, con el aire de superioridad de sus pobres y la incierta elegancia de sus ricos, con el ritmo incansable de sus espectáculos y el contrapunto rockero de los extranjeros que se han tomado las calles por asalto.

No quiero nombrarlas todas, porque cada ciudad ha terminado siendo algo así como un amor perdido. Mis fotos atesoradas de ellas, como de novias adolescentes, de vez en cuando se despliegan en mi pantalla como conjuros contra el cansancio o la desidia. Me sirven para no perder el hilo de mi vida en cuanto ciudadano del mundo, para combatir el tedio ocasional y la ceguera.

Pero ahora estoy en Panamá y me pasa una cosa diferente. A fuerza de volver por cuarta vez comienzo a sentir esa especie de afecto que se siente por la casa de un pariente lejano en cuyos pasillos se jugó de niño. O más bien, el que inspira una casa antigua cuando se la conoce poblada por moradores jóvenes en quienes se intuye la sangre y las prácticas que sus ancestros dejaron grabados sutilmente en los muros o en las puertas. El Casco Viejo de Ciudad de Panamá recuerda al de Cartagena de Indias, pero un cierto abandono le conceden la dignidad de una patria romana donde la gente común se codea con memorias vívidas enclaustradas en la arquitectura que hombres ya sepultos y olvidados fraguaron para legarlas a la nada, y que han terminado por ser propiedad de un pueblo que las disfruta sin verlas.

Eso y el contraste mágico con el entorno natural y con esa leyenda casi mitológica que rodea a la construcción del canal, con sus muertos, con sus enfermedades terribles, con su sabor a gesta épica y con la genialidad de una ingeniería que todavía hoy asombra a un lego como yo, hacen de esta ciudad una experiencia bella entre las bellas.


Ayer nomás visitamos el Canal con Manuel y con Felipe. Ayer nomás el calor nos acorralaba mientras sentíamos, al menos los chilenos, el asombro casi infantil de ver en funcionamiento el mecanismo hermoso e implacable de las exclusas, con su pausada trifulca de barcos pesados y turistas sudorosos.

Nos esperan paseos que completarán el cuadro con imágenes inenarrables, y que terminarán por sumarnos a la multitud de los viajeros que pasaron por aquí alguna vez, con el alma carcomida por el asombro, el amor o la ambición, y que agobiados por la naturaleza desbordante no podrán olvidar, como nosotros, el agradable carácter de su gente.

Pienso en esos millones de viajeros con quienes nos unirá aquel vínculo y me felicito de estar encontrando la forma de contribuir con un granito de arena a la construcción de este país tan bello.

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Bob Alonso
el 16/04/2009 a las 17:29

No tengo palabras para expresarte las gracias por tan lindas palabras acerca de mi Patria. Gracias otra vez y te invito a que continues en la aventura que es ser panameño.

bob alonso    

arT & archiTecture


Pedro Verdugo
el 19/04/2009 a las 19:55

...por la hospitalidad que he disfrutado en Panamá cada vez que he estado allá.

Un abrazo.

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Pedro

 


Nicomedes Frías
Nicomedes Frías el 02/10/2008 a las 19:26

Pedro, primeramente gracias por todo lo que nos enseñaron en Bloguea Panamá ha sido muy nutritivo para mí.   soy editor de la versión electrónica del diario La Estrella de Panamá.   Pronto tendré una rejunión con los directores y quiero mostrarle algunas cosas que aprendí en tu curso.  sin embargo te solicito que me envíes en link del estudio que ustedes nos mostraron, se trata del estudio de Harvad University que daba cifras y números de usuarios y blog en internet. Te agradecería me lo mandaras a mi correo nfrias@laestrella.com.pa    saludos.   


Nestor Vallester
el 09/09/2008 a las 21:37

Pedro es de admirar tu sensibilidad por los parajes donde has estado, es claro que no te has dejado envolver por ese muro de concreto que muchos hombres de negocios no se dan cuenta hasta ya muy tarde.

Tambien es lindo escuchar palabras de un extranjero donde se aprecia la cultura, ya que justamente hoy estaba leyendo un articulo de un escritor panameño donde hace ver a los extranjeros como "destructores de cultura nacional" y la verdad nunca he estado deacuerdo con ese punto de vista. Como tu mismo mencionaste en el taller de la Ciudad del Saber todos somos seres humanos del mismo planetas en esta era globalizada. 

Esa es quizas la mayor leccion que tendremos que aprender en este siglo y es a darnos cuenta que no hay barreras que nos separen, solo en nuestras mentes, y el exito esta en aquellos que logran convertir esa desventaja en su mayor logro.

 

gracias y esperamos verte pronto.


Nicomedes Frías
Nicomedes Frías el 08/09/2008 a las 17:59

Pedro, una vez más bienvenido a Panamá y agradecido por sus enseñanzas en el curso Bloguea Panamá.  La verdad es que aún no conozco Chile, pero tengo pensado ir, de seguro que el calor de tu gente me hará soportar mejor el frío y sus uvas me ayudarán a tragar más vino de lo normal. 

Entiendo ese sentimiento entre nostalgia y deseos de regresar, pasa muy a menudo aquí, probablemente por esa extraña combinación de agua, barcos, selva y tecnología que existe en las exclusas, o será por la característica sonrisa y humor del panameño.  Yo que vivo a diario eso, estoy más confundido que tú al respecto.

Pero, cuando alguien habla así de mi país, trato de cerrar los ojos y ponerme en su piel, imagino cómo será su país, su clima, sus paisajes y su gente.

Luego de leer tu escrito sentí el sabor del vino, el olor del pan chileno, sus exquisitos platillos de pescados y hasta vi la isla en donde permaneció Robinson Crusoe.   Todo gracias a tu escrito y a este blog. Ahora entendo mejor el taller que brindaron tú y Felipe.

 


Miguel Rodriguez
el 04/09/2008 a las 17:18

una alegria muy grande todos tus comentarios positivos, fue una lastima para mi no poder asistir a los eventos que llevaron a cabo, sin duda que quedaron tan buenos como los de noviembre pasado cuando viniste con Leonardo (a ese si pude ir)

 

Saludos

 

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Miguel Rodriguez

keep moving forward!


Pedro Verdugo
el 05/09/2008 a las 0:20

Hola, Miguel.

Este taller superó todas nuestras expectativas, tanto en cuanto a la convocatoria como en cuanto al entusiasmo de la gente que participó.

Las más de 100 personas que estuvimos allí sabemos que lo que ocurrió fue rejuvenecedor y energizante, y que de algún modo (tanto a ellos como a nosotros) nos cambió la vida.

El AEP está haciendo un gran trabajo y nosotros nos vamos conformes con nuestra contribución

El próximo no te lo pierdas.

Cordiales saludos,

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Pedro

 


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