Me pasó con Carlos Cohl. Su blog se quedó estacionado en mi cuenta Netvibes. Su partida sigue sucediendo precisamente porque su blog sigue allí, inmovilizado, detenido en el último y bellísimo post, con su estela de comentarios donde muchos de sus amigos le dijeron adiós. Pero con el paso de los días he ido cayendo en la cuenta: nos va a pasar con todos.
Ha terminado para siempre el tiempo en que los muertos eran mudos. El tiempo en que para honrar a unos pocos habían estatuas y pinturas. El tiempo en que si habías escrito grandes libros los que te amaban te encontrarían allí, en tus páginas, a la vuelta de la esquina en una librería de emergencia. El tiempo en que salvo los muy talentosos y afortunados, nadie dejaba algo más que un puñado de objetos personales (cartas, libros viejos, sombreros), cuyo valor se ceñía estrictamente al memorial íntimo de los muy cercanos.
La blogósfera es como una gran ciudad. Una ciudad amistosa llena de los objetos que entre todos vamos construyendo, atravesada por infinitas conversaciones, algunas en texto pero también –muchas otras- en videos y en imágenes. Una ciudad semejante a la Biblioteca de Babel, que desvelara a Borges para que Borges nos desvelara con ella. Una ciudad ilimitada, con una arquitectura enloquecida por el fervor productivo de las masas hasta hace tan poco silenciosas y anónimas.
Pero con el tiempo se va convirtiendo también en mausoleo. Las pequeñas obras de los modestos constructores que somos todos van quedando inconclusas (siempre inconclusas) conforme vamos dejando de trabajar en ellas. Pero a diferencia de los mausoleos y las lápidas en los cementerios, forjadas para el olvido y para el llanto, éstas obras son para la memoria y para la cercanía. Los que partieron siguen hablándonos desde allí, con sus propias palabras, de las cosas que los estremecieron, de los mundos que habitaron.
Tu paso por el mundo dejará otras huellas que las de tus abuelos. Para bien o para mal, aquí van quedando tus palabras, tus imágenes, tus sonidos. El registro de lo que fuiste, o de lo que quisiste o creíste ser. Tu cincelazo o tu mordisco, tu benevolencia o tu grito.
Más que nunca la memoria de los otros nos acerca a la inmortalidad.
Éste es uno de los grandes síntomas de una época que en el futuro será recordada como un punto de inflexión clave en la Historia de la Humanidad. Qué afortunados somos de vivirla.













Todos moriremos físicamente... y como dices las publicaciones quedarán por indefinidos tiempos mas... es extraño, imagino mi blog lleno de esa sarta de cuentos y po(li)esías que me dictan mis yos... leídos o abandonados para siempre, ocupando parte del espaio inerte de la "blogósfera".. de seguro me faltan conocimietos técnicos para saber cuánto tiempo vive un blog antes de que alguien diga "necesitamos espacio"... en fin... leí y me causó algo... aunque nosé si me importe, como legado quizá....
saludos, Freddyfco
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Lo que das te lo das, lo que no das te lo quitas.