Han pasado 9 días. Se nos pasó el éxtasis. Se nos quitó la emoción (la alegría, la pena, ¿cómo decirlo?, esa mezcla de emociones que el evento sacó de cada no de nosotros ese día) y cada día pensamos menos en lo que sucedió el 10 de Mayo.
Pero fuimos testigos de lo impensable. Muchos millones fuimos vimos el acontecer de otros muchos millones. Una multitud conectada al mismo tiempo, mirando el mismo espectáculo, desde muchas ciudades en todas las latitudes. Del otro lado, el esfuerzo de unos cineastas empeñados en achicar el mundo al tamaño de una pantalla, de dejarlo al alcance de una mano.
Pangea Day. La idea fue de Jehane Noujaim, una premiada cineasta documentalista, que sedujo al público en su conferencia TED y echó con ello a rodar la bola, la magnífica bola de nieve de un evento del mundo para el mundo: el día de la Pangea.
El concepto es muy simple: lo único que se requiere para que haya paz en el mundo es que seamos capaces de ponernos en el lugar de los demás, que los conozcamos, para perder el miedo, para acercar las posiciones opuestas. No puedes odiar a alguien si lo entiendes. Las películas pueden ayudarnos a hacer eso, precisamente porque nos pueden poner en el zapato de otras personas.
Así que el 10 de Mayo el sueño de Jehane cristalizó en un evento glamoroso a más no poder, con todo y celebridades hollywoodenses. Pero lo más importante, millones de personas mirando, emocionadas, aquellas películas fabulosas, al mismo tiempo.
Si me preguntan a mí, sería difícil elegir el video más bello, o el que más me gustó, pero si hubiera que hacerlo, elegiría A Thousand Words. Pero los más emocionantes fueron, desde luego, I Remember Lebanon y los que se refieren al conflicto palestino. Personas que han estado en guerra durante muchos años y que son capaces de reconocerse mutuamente en el dolor e inventar un camino juntos para buscar la paz.
9 días después la pregunta es cómo seguimos. Porque uno puede dejar que la emoción se le aponche, como ocurre con el cine. Almacenar el 10 de Mayo como una tarde de cine entre muchas otras. Creer que después de todo hasta ahí nomás llega la cosa.
Mi consejo es ¡¡no te lo permitas!!. Haz lo que sea necesario para que esa llama que se te encendió en el pecho cuando viste los videos (ese día u otro) se mantenga encendida y te mantenga a ti en movimiento. No hay un "después" para buscar la paz. Tampoco hay un "dónde". Siempre es aquí y ahora.
Visiten el sitio de Pangea Day. Un comienzo es revisar las propuestas que se hacen allí y las organizaciones que colaboran.
¡Gracias por este tremendo obsequio, Jehane!














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